
Cada persona trae un problema particular a terapia y en esa conjunción de dos personas que sincronizan en un momento determinado se da algo maravilloso que es el encuentro, un encuentro constructivo y particular.
Donde uno acompaña a otro en un camino de crecimiento, mostrándole posibilidades, brindándole apoyo, contención, ayudándolo a poder ampliar la percepción y poder ver la realidad de una manera diferente y así cambiar… cambiar para crecer, cambiar para ser. Un cambio que ayude a potenciar todos los recursos que están dormidos.
Y detrás del cambio esta la responsabilidad que significa toda decisión consciente.
La decisión de volvernos más autónomos, de dejar de repetir conductas que nos hacen daño, de elegir aquello que deseamos y no condicionarnos por hechos del pasado.
La decisión de empezar a querernos más para también poder querer más a los demás. De aceptarnos como somos y bajar el nivel de expectativas, que nos lleva a censurarnos continuamente.
La decisión de poder mirar atrás y tener nuestras heridas curadas, para que no nos sigan lastimando en el presente y condicionando nuestra vida.
La decisión de cuidar nuestro cuerpo, escuchando sus mensajes y tomar conciencia de que no es una máquina, de que es el vehículo físico que nos lleva adonde queremos, por eso merece respeto y consideración.
La decisión de comenzar a tomar lo que nos brinda continuamente la vida y que lo dejamos pasar de largo por no estar atentos, por no estar conformes, sencillamente porque nadie nos los mostró y nos enseño a saborearlo sin culpas, sin temores.
Convirtiendo así nuestro camino en el camino del conocimiento, de la sabiduría, de comprensión, de integración de nuestra personalidad.